martes, 15 de noviembre de 2016

PERDIDOS

Perderse. Qué atemorizante.
Perderse a salvo. Qué maravilloso.
No saber dónde estamos, cuando somos niños, es una pesadilla.
No saber dónde estamos, cuando somos adultos y viajamos, es un sueño perfecto.

Ray.

miércoles, 8 de julio de 2015

Habitación 907

Yo fracaso para que aprendan, igual da quién putas tenga las razones de la vida, saludos pues a la gente ídem, yo aquí con la puta pistola encasquillada, al menos ya me veo más despierto y más apalabrado con el mundo de la puta realidad.

lunes, 13 de abril de 2015

martes, 17 de marzo de 2015

Me enviaban al peor sitio del mundo y yo aún no me daba cuenta.

Pasé la avenida y subí por el costado del cementerio, cruce la calle del sanatorio y cuando atravesaba la cochera de mi casa y abría la puerta, tuve la sensación de que regresaba de una larga ausencia, volvía al mismo punto que había dejado.
Cuando una cura de desintoxicación es completa, uno se encuentra bien, por lo general, unos pocos días. Se puede beber, se puede tener hambre autentica y experimentar placer comiendo, y el deseo sexual retorna. Todo parece distinto, más nítido. Después, sobreviene una tremenda depresión. Todo es un esfuerzo: Levantarse, vestirse, pararse de una silla, agarrar un tenedor. Uno no quiere hacer nada ni ir a ningún sitio.


martes, 9 de septiembre de 2014

Muchacha




Su vestido de rojo enamorado
En la fiesta de ayer que nunca falta
Hiriome con los pliegues de su falda
A la altura medio muslo acariciado.

Por sus pechos de ayer, desengañado
(rumorando canciones que hacen falta)
Me senté con su recuerdo en una barda
A soñar su cintura ensimismado.

Y soñé de su paso apresurado
¿Que acaso era por otro igual a mí de desalmado?
Vaivén de su cadera breve y baja.

Anoche nada menos y en la sala
(golpeándome los sueños esa falda)
Terminé de enloquecer, desconcertado.

En la fiesta de ayer que nunca falta
Navegando segura entre la gente
Provocando disturbios en mi mente
Estuvo la muchacha con su falda.

Y sus ojos brillando flor de gualda,
Alumbraban la estancia evanescente
Burlando en carcajada indiferente
El amor del poeta que la ensalza.

No ha de ser conmigo con quien salga,
Por más que lo provoque o que lo intente
Y sus piernas serán lo que lamente,

En la noche febril en que lo haga,
Recordando ese cuerpo adolescente,
Donde náufrago soy, como demente.

Qué diera yo por recorrer su espalda
-como antaño a mujeres inocentes-
Y borrarle los rastros indecentes
Que tiene ¡Dios! Su cuerpo en minifalda.

Y pregunto tal vez más que sentido
¿Por qué motivos la muchacha dio 
el placer que me tuvo prometido?

¿Por qué, si victorioso, me ha vencido?
En ridícula batalla que se salda 
En la fiesta de ayer que nunca falta.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Lagunas

 Yo la última vez que lo vi fue hace cuatro meses. Me lo encontré en la calle Olmos, iba caminando con chanclas y un short deslavado por tantas lavadas con cloro, una playera azul floja y descolorida, lo vi mal desde mi intuición porque estaba hundido en una melancolía muy rara. Lo noté perdido, desilusionado, quería ir a lanzar piedras a la laguna del charro pero le dije que no había forma de llevarlo. Entonces me habló del crecimiento que llevaba, de la falta de sentido en sus cosas, lo extraño de sentirse una azotea. Se fue solo. Llevaba una mochila y decía que tenía un libro de semiótica y un aparato que ya no usaba, se fue solo al parque y eran casi las once de la noche cuando me lo encontré afuera del departamento de su abuela, caminando solo, y pareció alegrarse de encontrarse a alguien, me dijo que fuéramos un rato que el también iba irse, le pregunté ¿a dónde? Y lo único que respondió fue: al libramiento.

lunes, 7 de octubre de 2013

Yo había idealizado un recuerdo ocasional que quién sabe por qué me conmovía, y de hecho me dolía, como aveces duele el amor...         .           .                           .

  Muchas veces es más seguro estar encadenado que ser libre.