Al final.
Déjame.
O déjame verte.
Para ver como no eres.
Déjame verte vivir.
O déjame para olvidar que vives.
silvia grav,
Ninguno de ellos sabe. Ninguno sabe en realidad. Voy corriendo, ya van cinco kilómetros, y me salen las carcajadas de repente, no las puedo controlar. Me quejo, reniego, exijo y hasta me victimizo: no me importan; son valiosos, pero ninguno de ellos sabe. Todo queda en mis manos porque yo soy el único que conoce la historia: ¿triste? Para nada: tan sólo es un acto solitario. La mayoría de los placeres elaborados que obtengo, los consigo en soledad. Si hay algún otro individuo a mi alrededor, el placer sólo se trunca, no se enaltece ni mejora su forma. La compañía representa un fracaso, si se trata de la búsqueda de un placer intelectual. Aunque, bueno, hay que darles su reconocimiento -a los chiquitos; las hormigas, los niños que nunca van a madurar: han sido útiles como modelos para armar. Con tenerlos ahí parados, con verlos esforzarse tanto nomás por sobrevivir, cuando les sobran maneras para vivir. Ahí sentados, esperando lo que no va a llegar y ya tendrían que estar buscando. Se les reconoce su destello; esa diferencia tan esencial que hace que, los de acá, los elijamos. Pero nunca van a cambiar; ninguno de ellos despertará un día de ese trance; ese adormecimiento voluntario. Ninguno de ellos alcanza o huye; no corren. Ninguno entiende, por más que pose un esfuerzo; un anhelo, galletas con leche y cierra la puerta al salir. Ninguno de ellos sabe.
Ayer antes de irme de casa de un amigo rescaté lo último que dijo:
Somos una broma cósmica, Marlon. Por esto, hay que ser atletas y artistas del budismo (en todo momento) Para saber, para entender desde el vacío todo lo que hay y todo lo que existe, y darle la mejor de las interpretaciones...pero el ""no hacer"", bueno, ese yo lo comprendo como ser tú el espectador de todaaas las cosas, aunque el mundo se desgaje, pero si uno esta con miedo, con prejuicios, con esto y con aquello...entonces no estamos, ¿Viste?
Enternecido cerré y regresé caminando.
Lo abandoné todo por venir a escucharte, aunque nada de lo que dijeras hablara sobre mí.
¿Por qué hice eso? Es como si el encanto de encontrarte me hiciera obligarme a no evitar todas las posibles confluencias aunque lejos estén de experimentarse a viva piel: pero, así las siento. Como si, con lo que tienes anidado en tu cerebro, pudieras quebrantar los límites que otros ni siquiera alcanzan a ver; como si a ti te diera la llave para cruzar las puertas -que en otros son invisibles-, escondidas a mitad de cada muro que he pasado mi vida intentando construir con el fin de abandonar; de alejarme, de mantenerlos a todos apartados de mí.
Pero es que tú...
Muchas veces es más seguro estar encadenado que ser libre.